CONTE
dels ARQUITECTES BUENÍSSIMS
CONTE d'uns POBLETS molt petits y bonics, a un Parc Natural Francès
Éste
es el cuento (un cuento, por cierto, bien real...)
de unos pueblecitos preciosos, en Francia,
que se encuentran enmedio de un Parque natural, también muy bonito,
el Parqur natural de los Causses, unas montañas no demasiado lejanas
del mar Mediterráneo.
Pues
bién: un buen día, o quizás no tan bueno, alguien se encontró
con una pepita de ORO en uno de los ríos que bajan por la montaña,
vete a saber, igual la había echado al agua un caminante,
para pedir un deseo...
Aquel
día comenzo un tiempo de preocupaciones, y de idas y venidas, para la
gente del lugar.
Porque se llegaron a enterar de que un señor muy rico y con muy buenas
influencias entre la gente que governaba el país,
tan buenas que, aunque aquello era un Parque natural protegido,
había conseguido que, "tratándose de un caso excepcional",
esta gente del gobierno le diese un permiso, también muy excepcional,
para "explotar",
que es como le dicen en estos casos,
las laderas de aquellas bellíssimas montañas.
Las personas
del lugar, cuando lo supieron, que nadie se lo explicó,
pero que un poco por casualidad, se enteraron,
se horrizaron de pensar cuanto ruido, cuanto polvo, qué feo quedaría
todo
si llegaban las máquinas y empezaban a trabajar, tra-ca-trá tra-ca-trá
tra-ca-trá...
Hacían
reuniones, una vez en cada pueblo, aunque todo estaba nevado par ir viendo qué
podían hacer..
Tuvieron que poner dinero para buscarse un abocado y denunciar el caso en los
tribunales.
y mientras todo esto seguía los trámites, ell@s continuaban haciendo
reuniones, organizando actos, con pancartas, a los que invitaban a la prensa...
Invitaban
a sus reuniones también al señor muy rico y influyente, y de hecho
apareció en una de ellas,
se quedó sentado atrás de la sala, y no dijo ni mu.
Después apareció en otra reunión, al final de la cual alguien
le preguntó porqué tenía que estropear aquel paraje tan
bonito,
y farfulló cuatro palabras no demasiado bien hilvanadas, y ya no se le
volvió a ver en ninguna otra reunión.
Pero pernoctaba a veces en un hostal de uno de los pueblecitos, para hablar con técnicos agromensores etc. sobre el terreno.
Un día,
en una de las reuniones, o igual fue por email, que también esta gente
lo empleaban bastante,
alguien tuvo una idea genial.
y una noche la idea la hicieron realidad.
A la mañana siguiente, cuando el señor rico fue a coger su coche,
se quedó pálido, muy pálido, al encontrarlo,
pero no tan pálido como el coche en cuestión, a la luz tenue del
alba y rodeado de niebla,
porque estaba todo envuelto con PAPEL HIGIÉNICO, una buena capa de papel
higiénico bien sujeto a su vez con ESPARADRAPO.
Pasaron
unas cuantas horas antes de que el coche quedase liberado de su envoltorio.
Al señor le dio una crisis nerviosa intentándolo y hubo que llamar
a una ambulancia
que se lo llevó al hospital donde tuvo que estar en observación
y con calmantes uns cuantos días.
Dicen
que después tuvo que ir a un psicólogo un par de años por
lo menos,
pero que después de estos dos años, muchas cosas de su salud y
su entorno cercano mejoraron mucho.
Y del proyecto, eso sí, no se le volvió oir hablar nunca más.
y como su permiso de explotación era tan especial, tampoco nadie más
volvió a amenazar, de momento, la belleza de aquel entorno singular y
bellíssimo.
Y la
gente del lugar ganó su juicio, porque el señor aquel no compareció,
y si antes ya hacían fiestas cada dos por tres,
aquella temporada las hacían cada tres por cuatro,
y hasta más a menudo todavía, para celebrar largamente la preservación
de su entorno tan amado.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado!!
